Muy buenos días a todas y todos los presentes. Muchísimas gracias por estar hoy día, aquí en Chile. Es un honor poder recibirlos en nuestro país. Quisiera saludar a la directora Audrey Azoulay, gracias por tu presencia aquí. Muchísimas gracias Amina, por estar aquí y a todo tu equipo.
Tú recién citaste a Gabriela Mistral. Este año conmemoramos 80 años desde que ella ganó el Premio Nobel en 1945. Un año crucial para el mundo, cuando se fundó la ONU justamente. Ella fue la primera mujer de América Latina en ganar un Premio Nobel. También quisiera citarla en esta ocasión, ella escribió algo inmortal, y hoy día podríamos cambiar la palabra “cine” o “televisión” por “inteligencia artificial”.
En 1956, justo antes de fallecer, de hecho, un año antes, dijo: “Creo que el cine es el acontecimiento de mayor importancia que ha venido a llamar a las puertas de las escuelas, colegios y universidades. Pero sé también que la alarma del Magisterio de los Profesores sigue creciendo por causa de que el cine y la recién nacida televisión no han vivido aún anchura de tiempo, de lugares, de crítica y, sobre todo, carecen del material pedagógico indispensable que no es todavía suficiente ni cualitativo. El material para dar la enseñanza visual crece demasiado lentamente y no hay que pedir a los recién nacidos demasiado. Es además caro y escaso, pero un invento nace, así, como nacemos nosotros mismos, pequeñitos, torpes y desmañados. No hay que desalentarse.
Lo que está dando ya la enseñanza visual es admirable para los adultos y toda una fiesta para los escolares que disfrutan cada día de las maestras mayúsculas que se llaman imagen, color, relato, oído y visión gozada”. Con algunas diferencias en más de cerca de 70 años, pareciera que Gabriela Mistral nos habla con reserva y entusiasmo de los cambios en la tecnología y cómo estos impactan en la educación. Vamos a hablar, por cierto, de eso en esta cumbre. Quisiera decirles que cuando nos juntamos aquí a discutir, quiero que sepan que las políticas que acá se discuten tienen un impacto en las escuelas. Por eso los llamo también a tener esperanza.
Mi núcleo familiar se compone de mi compañera, mi pareja, con nuestra hija recién nacida que tiene 2 meses y el hijo de mi compañera. Y revisando los libros de la mochila del hijo de mi compañera, que va en segundo básico, tiene 7 años, no se imaginan la alegría que me dio al ver su libro de Lenguaje y Comunicación y cómo en el libro se citaba específicamente al ODS 4 y decía que –en la parte para los padres y las madres– esta área se vincula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se han decidido en la ONU. Eso en una pequeña escuela del centro de Santiago. Por lo tanto, quiero transmitirles que esta pega, este trabajo que estamos haciendo acá, tiene sentido y va más allá de este lugar que puede parecer muy rimbombante. Como bien decía Amina, a propósito de la experiencia, no recuerdo si con la primera ministra o la ministra de Educación de su país, tenemos que estar vinculados al aula, no podemos perder de vista la sala de clases.
Estamos discutiendo políticas públicas de largo plazo para el mundo, pero esas se implementan en un lugar concreto ante niños concretos con profesores y profesoras concretos, de carne y hueso. Eso no podemos perderlo de vista en el trabajo que hacemos. Es para mí un tremendo honor el poder ser parte de la inauguración de esta cumbre, que está dedicada a quienes día a día, con una tremenda vocación, con compromiso, con esfuerzo acogen e inspiran a millones de niños, niñas y jóvenes, los profesores y las profesoras. Por cierto, es evidente que ellos son cruciales para una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todas las personas, que es el centro de los objetivos del ODS 4 para el 2030. Pero es bueno decir que nos hemos puesto metas ambiciosas y que, al día de hoy, en el 2025, faltando 5 años para el 2030, estamos lejos todavía de cumplir con todos los objetivos que como humanidad nos propusimos.
Por eso, un año atrás, juntos nos comprometimos en París a impulsar este espacio de encuentro y reflexión para abordar el déficit que tenemos en materia educacional. Con orgullo damos inicio a la Cumbre Mundial sobre Docentes 2025 en Santiago de Chile y los invito a revisar el draft del acuerdo de la Declaración de Santiago de Chile, porque esta, insisto, tenemos que lograr que llegue a nuestros países, de nuestros países a nuestras autoridades, de nuestras autoridades a los sindicatos de profesores, de allí a todos los profesores y de allí a las escuelas. Sabemos que las y los profesores trabajan muchas veces con recursos limitados, con aulas superpobladas. Imaginen lo que decía Amina, un aula con 140 estudiantes. En Chile lo hemos logrado reducir, corrígeme, Nicolás, a 35 o 40.
El promedio hoy día es 26, pero el máximo es 45. Y lo hacen muchas veces en condiciones tremendamente precarias. Permítanme contarles una anécdota para no solamente leer el discurso que tengo escrito. Hace poco tiempo viví uno de los momentos que más me ha marcado durante el ejercicio de la Presidencia de la República, llevo 3 años y medio, nos quedan sólo 6 meses. Fuimos a un pequeño lugar, lo pueden buscar en Google Maps, que se llama Michilla, que queda cerca de Chañaral, en el norte de Chile.
Allí en Michilla, un pequeño poblado que debe haber tenido, no sé, 200 o 300 habitantes, había una pequeña escuela rural, cuyo nombre era Lucila Godoy Alcayaga, que es el nombre de Gabriela Mistral antes de Gabriela Mistral. Esta escuela es una escuela unidocente, o sea, una sola profesora, la señora Rosa, que tenía 17 estudiantes, 2 de ellos con autismo, en dos cursos de primero a cuarto básico y de quinto a séptimo básico. Ella, con sus estudiantes, ante mi visita –era la primera vez que un Presidente visitaba ese pueblito–me hicieron una representación de El Quijote de la Mancha, obra universal de la literatura en español, escrita en 1605. Fue muy emocionante porque ver en ese pequeño pueblo que había una profesora que, con una vocación incombustible, le estaba dando esperanza a esos niños de que podían volar, fue realmente inspirador para el trabajo que hacemos. Esos son los profesores de nuestra patria y del mundo.
Los profesores y profesoras son aquellos que les entregan alas a los niños. Cuando les cortamos las alas a los niños, cuando no hacemos lo suficiente por la educación, estamos limitando el futuro de toda la humanidad. Por eso la frase de Mistral respecto de que “los niños y las niñas no pueden esperar” es dramáticamente cierta. Por eso nos desgarra cuando vemos lo que está pasando en Ucrania, en Gaza, en Sudán. ¿Cuántos niños y niñas han perdido esa posibilidad de volar?
No podemos olvidarlos. El compromiso con los profesores y profesoras siempre se señala o se usa para aplaudirlos, para agradecer su vocación, para destacar los sacrificados que son y lo importante de su trabajo. Sin embargo, los profesores no viven de aplausos y debemos ser conscientes que no basta con romantizar el oficio de enseñar y hablar de lo sacrificado que es, si es que paralelamente no mejoramos las condiciones para que no sea tan sacrificado. La gran política pública que impulsaron los países nórdicos, lo hemos conversado con el Presidente de Finlandia, para salir de la pobreza en la que estaban en 1900 y desarrollados hoy día, fue justamente la educación. Y pucha que cuesta.
A nosotros, en Chile, nos cuesta –no quiero aquí pontificar porque en Chile nos ha costado mucho– el tener la visión y la claridad de la importancia de invertir en educación. No basta con aplausos, se necesitan políticas públicas y, como bien decía el Presidente del Magisterio, recursos, recursos. Uno de los ODS habla específicamente de los recursos de cooperación y es profundamente preocupante cómo uno ve que los países desarrollados –que además hay que recordar, se desarrollaron a costa del colonialismo– hoy día están reduciendo sus recursos en cooperación. Eso genera impactos tremendos en una pequeñita escuela del Congo. Entonces, desde acá, desde Chile, un país mediano, un país en vías de desarrollo, hacemos un llamado enérgico a los países más desarrollados, los países del Primer Mundo, a no abandonar la cooperación.
Audrey me contaba que, a propósito de la imposición que se ha hecho a los países miembros de la OTAN de aumentar su presupuesto nacional en 5% a Defensa, algunos de los recortes se están haciendo a Educación dentro de esos países. Imagínense qué queda para la cooperación internacional. No podemos naturalizar el gasto en la guerra, en vez del gasto o la inversión en el futuro de nuestros niños y niñas. Y esto se expresa en que cada vez tenemos una situación más crítica. A diferencia de la experiencia en China, donde yo pensaba “préstennos un poco de profesores” porque 20 millones de profesores disponibles, la verdad es una realidad que no es la del resto del mundo.
Ahí hay una inversión de política pública que es tremendamente interesante y que bueno, está dando resultados claramente. Pero en Chile, en nuestro pequeño país del sur del mundo, de América Latina y en la mayoría del mundo, hoy día tenemos escasez de docentes. Además, tenemos cada vez más docentes que abandonan la profesión. Entonces, hablar de educación es hablar de muchas cosas a la vez. Es hablar de infraestructura, es hablar de qué es lo que estamos enseñando, es hablar de tecnología, es hablar de la valorización de la profesión docente.
Es hablar de violencia escolar que hoy día también, después de la pandemia, está muy arraigada. Nosotros lo hemos visto en comunidades como en San Pedro de la Paz, una comuna en la Región del Biobío, donde la violencia escolar ha desgarrado a una comunidad entera. Entonces, estamos hablando de muchas cosas a la vez y tenemos muchos desafíos. Pero quiero insistirles y transmitirles lo siguiente: esto impacta concretamente en el futuro de los niños y niñas del mundo. Para afrontar la escasez de docentes, tenemos que transformar más que la profesión misma –que por cierto tiene que estar permanentemente actualizándose– la valorización que en la sociedad le damos a la profesión.
Dignificar su ejercicio. Eso parte con los profesores hoy día, pero también con los profesores de ayer. En Chile, una de las cosas que hicimos, y que me enorgullece mucho como Gobierno, es que logramos reparar la deuda histórica que existía con los profesores a quienes se les robó parte de su salario durante la dictadura militar. Eso fue muy difícil, porque era mucha plata, era muy caro, ni siquiera el pago entero de la deuda histórica, la reparación de la deuda histórica, y se había intentado durante sucesivos gobiernos y siempre los profesores habían recibido portazos. Se estaban muriendo, literalmente se estaban muriendo los profesores que eran víctimas de esta deuda histórica.
Gracias a la pega que hizo el ministro Nicolás Cataldo, con el presidente del Colegio de Profesores –que también fue un tremendo aliado en esto– logramos sacar adelante un acuerdo y decirles a los profesores –de ya más de 75 años en su mayoría– valió la pena. Valió la pena y agradecemos el que hayan formado a cientos de miles de niños a lo largo de la historia de Chile. Pero seguimos teniendo, además, otro desafío gigante que es las brechas. La división de clases en la sociedad no se soluciona solamente con la idea de una libertad que algunos pocos pueden ejercer. Se soluciona, desde nuestra perspectiva, con crecimiento, por cierto, mejorando las condiciones de vida de toda la población, mejorando el nivel de desarrollo, pero afrontando esas brechas profundas de desigualdad que existen en nuestras sociedades.
Porque si los ricos se educan con los ricos y los pobres se educan con los pobres, y las clases medias en una perfecta segregación según la capacidad de ingreso, estamos construyendo sociedades que son segregadas. Necesitamos para desarrollarnos sociedades que sean unidas, donde haya cohesión social, donde cuando vayamos al colegio, al liceo, nos entendamos como iguales y la diferencia de la corbata o del uniforme en los países que aún lo tienen, no signifique una suerte de sentencia o de destino donde te diga: "Veo tu uniforme, sé dónde vas a terminar en tu vida”. Eso también es algo que tenemos que cambiarlo. La desigualdad es un problema de la pobreza de muchos países, del nuestro, por cierto, pero también de la extrema riqueza. A lo largo de los últimos años hemos visto a los docentes asumir muchísimas responsabilidades.
Muchas veces sin contar con el acompañamiento necesario ni las condiciones adecuadas. Por eso también hablar de educación hoy día es hablar de salud mental y el vínculo que tenemos que hacer con esta área de la salud, que quizás en muchos países todavía no se dimensiona su importancia. Durante la pandemia muchos profesores y profesoras sostuvieron los sistemas educativos desde sus hogares, con sus propios recursos, reinventando sus prácticas en tiempo récord, con un gran costo para ellos y para sus propias familias. Hoy, gracias a los profesores y profesoras, en Chile podemos decir que hemos normalizado el funcionamiento de nuestras escuelas y liceos. Hemos alcanzado resultados de aprendizaje históricos, en particular en Lenguaje.
Hemos mejorado progresivamente la asistencia y reducido muy significativamente la tasa de desvinculación escolar. Pero nos sigue faltando mucho. Yo no me contento y sabemos que los desafíos en Educación son gigantes. Esto nos impulsa seguir mejorando. La vocación no puede ser el único motor.
El compromiso de los profesores tiene que ser correspondido con políticas públicas consistentes y sostenidas. En Chile lo hicimos, por ejemplo, a través de la Carrera Docente, una política pública que impulsó la expresidenta Michelle Bachelet que, para nosotros, es muy importante. Esa carrera docente permitió mejorar el salario y el sistema de evaluación de los profesores y profesoras. Ahora esta cumbre también se da en un contexto que es tremendamente desafiante, importante, turbulento porque en esta cumbre reafirmamos la importancia del multilateralismo, del derecho a la educación en el marco del multilateralismo. Imagínense, acabamos de escuchar discursos de Europa, de África, de Asia y de América Latina.
Eso es el mundo conversando. Cuando hablamos de multilateralismo, muchas veces se piensa en comercio, se piensa en cuántos millones de dólares transamos de un lado a otro, en qué estamos exportando o importando, en el PIB de nuestros países, en la balanza comercial, en los aranceles. Pero quiero decirles que el multilateralismo es mucho más que eso. Cuando he tenido la oportunidad de conversar con el Presidente Xi Jinping, con el Secretario General de la ONU, con el Presidente Pedro Sánchez o con cualquiera de los líderes del mundo, una de las cosas que llevamos desde Chile, es decir queremos intercambio, pero no sólo intercambio comercial. Queremos intercambio en ciencia, queremos intercambio en cultura, queremos intercambio en educación.
Porque el comercio en sus orígenes era justamente esto. La Ruta de la Seda permitió el intercambio cultural y tenemos que retomar esa Concepción de lo que significa el multilateralismo. No es sólo plata, no es sólo guerra. Es también y debiera ser principalmente cultura, educación, paz. Tenemos la convicción, además de que ningún país puede afrontar por sí mismo el desafío de transformar sus sistemas educativos.
Bien lo decía Audrey en sus palabras: ‘tenemos que aprender los unos de los otros compartiendo nuestros éxitos y también nuestros fracasos’. Tenemos que actuar con unidad, con diálogo, con generosidad entre todos los actores y reforzar la voz de los docentes en la elaboración de las políticas públicas. Este encuentro es una oportunidad para reflexionar desde nuestras distintas necesidades y realidades. Para tener políticas educativas serias, sostenidas que prioricen la capacitación y la especialización continua, la revalorización social de la profesión y el acceso equitativo a tecnologías y recursos. Una de las cosas que estamos haciendo también en Chile, pero en Latinoamérica, lo estamos haciendo en conjunto con el Presidente Lula es la creación de un lenguaje de inteligencia artificial desde América Latina, LATAM GPT, porque queremos que también la inteligencia artificial no sea una manera de generar hegemonía cultural por parte de los países más desarrollados.
Que las voces de América Latina, de África, de Asia se escuchen también en ese universo digital. Ahora, el desafío de la tecnología sin duda es tremendamente importante. Lo decía Gabriela Mistral, a propósito de la televisión y el cine. Hoy día, lo decimos a propósito de la inteligencia artificial. No la veamos con miedo, tenemos que regularla, por cierto, tenemos que pensarla éticamente, pero es una tremenda oportunidad.
Yo y me imagino que la gran mayoría de ustedes tiene instalado ChatGPT o DeepSeek –yo tengo los dos– en su teléfono, pero ni DeepSeek ni OpenAI son capaces de mirar a los ojos a un estudiante y decirle: “Tú puedes”, decirle: “Te entiendo”. Pero decírselo mirándole a los ojos y motivándolo a salir adelante. O leerle un poema, como bien decía Amina, y que ese poema le traspase el amor por la literatura. O que se apasione con un experimento en su clase de química. O que descubra un lenguaje nuevo o la historia de su patria, la historia de su pueblo.
Eso podemos leerlo en la inteligencia artificial, pero esa pasión no se transmite, si no es a través de los ojos, de la palabra. Por lo tanto, estos desafíos tecnológicos son complementarios con la profesión docente al interior del aula. La transformación que esperamos no va a llegar sólo por la tecnología, pero va a ser acompañada por la tecnología. Los docentes tienen que estar en el centro de las políticas públicas que hagamos y eso requiere voluntad política y reconocimiento. Esta es la última oportunidad que me dirijo a ustedes como copresidente del Comité Directivo de Alto Nivel de la UNESCO.
Agradezco mucho a Audrey por la invitación, a mi ministro de Educación, Nicolás Cataldo, por haber llevado el grueso del trabajo en esta área, y quienes estamos aquí estemos donde estemos. A nosotros, como les decía, nos quedan 6 meses de gobierno, pero no me cabe ninguna duda que, desde cualquier trinchera, desde todo lugar donde sigamos desarrollando nuestras vidas, vamos a mantener el compromiso con mejorar la educación ya no sólo de nuestras patrias, sino del mundo entero, porque donde un niño o una niña aprende cómo llamar mariposa a una mariposa, cómo sumar o restar, la historia de sus pueblos originarios, es un niño que asegura también un futuro mejor para el mundo. El desarrollo sostenible en su objetivo N°7 dice algo que es muy importante: enseñar para la sostenibilidad, para la paz. Eso hoy día en el mundo está en riesgo, con líderes que insultan a quienes piensan distinto, que han hecho de la humillación muchas veces un arma. Eso no lo vamos a combatir con palabras, con discursos, con tuits, la mejor manera es hacerlo con educación, enseñándoles o dándoles la oportunidad a los niños a volar y a pensar un mundo mejor.
Muchísimas gracias.