Día del Detenido Desaparecido, de las y los Detenidos Desaparecidos. Todos los huesos hablan, penan, acusan, alzan torres contra el olvido, trincheras de blancura que brillan en la noche. Curiosa es la persistencia del hueso, su obstinación en luchar contra el polvo, su resistencia a convertirse en ceniza. La carne es pusilánime, recurre al bisturí, a ungüentos y otras máscaras que sólo maquillan el rostro de la muerte. Tarde o temprano será polvo la carne, castillo de cenizas barridas por el viento.
Pero un día la picota que excava la tierra choca con algo duro. No es roca ni diamante. Es una tibia, un fémur, unas cuantas costillas, una mandíbula que alguna vez habló y ahora vuelve a hablar. De nuevo, todos los huesos hablan, penan, acusan, alzan torres contra el olvido, trincheras de blancura tierna que brillan en la noche. El hueso es un héroe de la resistencia.
Ustedes son héroes de la resistencia. Muchas gracias por estar hoy día acá con nosotros a las y los familiares de detenidos desaparecidos, de ejecutados políticos porque –como les repito siempre que hemos tenido oportunidad de vernos, muchas veces con Alicia y Gaby, en muchas ocasiones con otros de ustedes a lo largo de Chile– yo no me olvido que gracias a ustedes estamos aquí. Hoy en todo el mundo, porque desgraciadamente en todo el mundo se conmemora esta fecha que nos conmociona y nos invita a reflexionar sobre uno de los crímenes más atroces que es la desaparición forzada de personas, nos recuerda que no importa cuántos años, cuántas generaciones pasen porque nadie ni nada está olvidado. Como bien decía Alicia, los detenidos desaparecidos no les faltan sólo a sus familias, nos faltan a todos. Cuando muchos de nuestra generación, que nacimos a fines de la dictadura –como bien decía una de ustedes, Gaby creo, o Alicia– donde aún no terminaban de matar –pasó todos los días por la calle Jécar Nehgme Cristi, antes Bulnes; espero que no quieran cambiar ese nombre de calle también– o a comienzos de la democracia, escuchamos por primera vez el “Dónde Están”, cuando conocimos esos relatos de horror que contrastaban con la esperanza, con la alegría, con el corazón caliente de los familiares de las víctimas, ninguno de nosotros dejó de preguntarse cómo era posible tanta inhumanidad, tanta infamia, tanto descaro, tanta mentira.
Y, a la vez, y me ha tocado conocerlo en diferentes rincones de Chile, en Pisagua, en Paine, en Punta Arenas, en Neltume, cómo también era posible, pese a esa inhumanidad que los familiares, muchas veces mujeres que lucharon hasta su último suspiro, mantuvieran no solamente la esperanza, sino el amor por legarnos a nosotros, que no lo vivimos directamente, su experiencia, cómo resistieron tanto dolor. Seguramente entre muchos y muchas, y me incluyo, se ha instalado la pregunta de cómo hacer realidad la promesa del “Nunca Más”, para que nunca más en Chile, para que nunca más en el mundo. Hoy me interpela esa pregunta con muchísima fuerza, cuando vemos que esas barbaridades en diferentes formas siguen sucediendo en todo el mundo. Abrazo con mucho cariño y respeto a Alicia Lira de la Agrupación de Familiares Ejecutados Políticos y a Gabriela Rivera de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Cuando las vi por primera vez me miraron con desconfianza y me trataron con desconfianza.
Con toda razón, porque yo hoy día represento al Estado de Chile. Y el Estado de Chile ha tratado muy mal a las Alicia Lira y a las Gaby Rivera. Durante demasiado tiempo los espacios les fueron negados, durante demasiado tiempo fueron reprimidas, durante demasiado tiempo se les tomó por algunos –no todos, no todas, por supuesto– como una molestia. Esa pulga en el oído del rinoceronte que molestaba y que no sabía cuándo iba a dejar de molestar. “Nunca” era la respuesta.
Una de las primeras cosas que les dije a mis equipos es que siempre que los familiares de los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos nos solicitaran una reunión, les dábamos esa reunión. Que siempre cuando quisieran venir a La Moneda, venían a La Moneda porque esta era su casa y gracias a ellos estamos acá. Que siempre había que recibirlos conscientes de que no solamente somos, de alguna manera, continuadores de su lucha. Por eso tengo a los cuadros de sus familiares en mi oficina para no olvidarme nunca, sino también porque se merecen respeto, porque la democracia en la que hoy día vivimos y que en muchas partes del mundo está en riesgo, se consiguió gracias a personas como ellas y les debemos tanto, tanto, tanto que no importa lo que haga yo, nunca va a ser suficiente. Pero por lo menos había que tratar con un poco más de empatía y hacer un poco más de esfuerzo.
Sabíamos que no bastaban las palabras. Por eso me alegra escucharlas a ustedes, a Nelly Berenguer, que habla también, imagínense, por un hombre de 22 años, que con 22 años se quedó detenido en el tiempo, y habla por todas ustedes. Dijimos que no basta con palabras, no basta con discursos, no basta con emocionarse. Hace un momento hemos entregado a vuestras familias más de 150 carpetas con antecedentes sobre casos de compatriotas desaparecidos que, hasta ahora, estaban en poder del Estado, en diferentes reparticiones y que no habían sido compartidas en su totalidad. A más de 50 años el Estado tenía información que no había sido compartida en su totalidad, con quienes durante todo este tiempo los han estado buscando.
Estas carpetas no son casualidad. Como bien decía una de ustedes, son de alguna manera un tesoro y son fruto del trabajo del Plan Nacional de Búsqueda. Uno de cuyos propósitos era muy básico, muy simple, muy sencillo. Era un mínimo, pero que no se había hecho, que es reunir toda la información y documentación dispersa que hoy existe sobre las víctimas de violaciones a los derechos humanos para encontrar la verdad y la justicia. Lo comenté en alguna de las conmemoraciones que hicimos antes.
Cuando uno buscaba en internet encontraba los datos de sus familiares en una página que se llama Memoria Viva. No se imaginan el orgullo que me dio cuando en esa página, una página hecha a la antigua, pero donde están muchos de estos antecedentes, arriba tenía un banner que decía: “Apoyamos al Plan de Búsqueda”. ¿Saben por qué? Porque eso daba cuenta de que el Plan de Búsqueda estaba hecho no desde el Estado para cumplir un check, sino como bien nos recordaban permanentemente las agrupaciones, el Plan de Búsqueda tenía que ser con ustedes o sino no era. Eso implicaba escuchar más, eso implicaba entender todo el dolor, toda la desconfianza porque es una desconfianza totalmente legítima la que tienen ustedes con la institución que hoy día nosotros representamos, que es el Estado.
Esto no es personal, es un Estado que les dio la espalda durante demasiado tiempo, en dictadura y en democracia. En cada carpeta se reconoce la vida y la historia de tantos chilenos y chilenas que fueron víctimas de la dictadura, en razón de sus convicciones, por defender hasta el fin a un gobierno democrático o por luchar hasta el fin de sus vidas contra una dictadura ilegítima. Por atreverse a resistir frente a una dictadura brutal. Cada carpeta entregada refleja la huella profunda que sus familiares dejaron en nosotros. Esas vidas sesgadas son las que hoy nos convocan, las de los desaparecidos de La Moneda, que ustedes pueden ver que acá al lado saliendo por la puerta de Morandé 80 están todos juntos en un banco esperándonos.
La de tantos campesinos que creyeron en la Reforma Agraria a lo largo de Chile, en Paine o en Mulchén o en Neltume. Las vidas de Carlos Lorca, de Miguel Enríquez y de todos sus compañeros, de Reinalda Pereira, de las sucesivas direcciones del Partido Comunista arrasadas en 1976, de todos los militantes del MIR, del PS, del PC, algunos del MAPU. De Juan Maino, una de cuyas fotos que me regaló su familia tengo colgada en mi casa, con la mirada perdida de una niña pobre para no olvidar que estaban retratando la injusticia. De Rodrigo Rojas de Negri, cuyo recuerdo también está presente en mi oficina, gracias a un regalo de Verónica de una de las últimas fotos que sacó en 1986 en una población, con las actividades que se iban a hacer en una de las protestas. Como Carlos Berger, asesinado y hecho desaparecer y de quién se encontró, sólo un hueso.
Ustedes saben mucho mejor que yo que es imposible abarcar la riqueza, las historias de esas casi 1.500 vidas ni dimensionar cuánto hemos perdido con su ausencia, cuántas historias se dejaron de contar, cuánto cariño se dejaron de hacer. Muchas y muchos de los detenidos eran muy jóvenes. Cuando uno va a Paine a ese hermoso memorial y recorre –no sé cuál es el nombre artístico– esos mosaicos que hay en el piso donde cada familia hizo lo que sentía y ve las fechas, están los campesinos, pero hay tanta gente joven, muchos menores de lo que yo soy hoy día. Uno dice: “Cuánta vida por delante se truncó por el odio”. Eran obreros, eran profesionales, eran trabajadores rurales, eran profesores y profesoras.
Eran personas que amaban profundamente a su país, que creían en un futuro más justo, que lucharon por condiciones de vida más dignas para todos y todas sus compatriotas. No nos olvidemos de eso, lucharon por todos nosotros. Esa esperanza, esa fe en Chile y su destino es también parte de lo que pretendieron arrebatarnos, pero no nos arrebataron por completo. Parte de las palabras que yo leo en cada actividad pública las escribe Manuel Guerrero y su equipo, y en cada una de estas palabras, yo siento y muchas veces me emociono, veo esperanza y cómo Manuel puede tener esperanza después de lo que le hicieron a su padre. Cuando voy al liceo que está en Matucana frente a la Quinta Normal y me encuentro con la sala, una sala de clases que se llama Santiago Nattino, pienso qué pensarán estos estudiantes, qué les dirán a esos estudiantes de un liceo público, de quién fue Santiago Nattino, ese tremendo artista.
Para qué decir José Miguel Parada. Es injusto nombrarlos a cada uno porque estaríamos seguramente todo el día. Pero sepan que los pensamos, los recordamos permanentemente. Los recordamos no sólo con pena, los recordamos también con orgullo porque nos dan fuerza. Yo les prometo, no les hablo protocolarmente, que cuando veo esos cuadros, cuando veo las fotos que me han regalado, los pequeños pins, me da mucha más energía y los problemas se vuelven más pequeñitos y pucha que hay problemas que enfrentar desde este espacio.
Pero de verdad, ustedes nos han ayudado a ser gobierno. Seguro nos ha faltado mucho, pero les digo con mucha honestidad: sus familiares están con nosotros. Chile ha cambiado y ha cambiado mucho. Cambió hace mucho tiempo. Algunos de ustedes exiliados relataban que les costó reconocer al país que volvían, a fines de los 80.
Pero un país nunca pierde su esencia. En este caso, además, la herida sigue abierta. Por eso, es que como Gobierno dijimos nuevamente que no bastaban las palabras ni las conmemoraciones una vez al año. Había que hacer política pública y política pública que fuera permanente. Por eso decidimos impulsar el Plan Nacional de Búsqueda para hacer de la búsqueda de las y los detenidos desaparecidos una responsabilidad del Estado y esto, quienes nos escuchen podrá decir es obvio, pero no pues.
No había sido obvio durante todo este tiempo. Habían sido los familiares de las víctimas quienes habían cargado con el peso de la búsqueda durante todos estos años. Hoy día legalmente el Estado se hace responsable. Sabemos que es difícil. A 52 años, 50 o 40 años, es difícil, pero estamos asumiendo una responsabilidad ética y moral.
Algunos nos dicen con mucha liviandad, “que esto era inevitable”, “que den vuelta a la página”, “dejen de dividir al país” nos dicen. Piensen en el filo, en lo doloroso que pueden ser esas palabras. Estaba recién en una reunión difícil también por otros motivos, en la elaboración de Presupuesto. Una de las cosas que discutíamos era el informe financiero de la Ley de Sitios de Memoria. Una de las cosas que me decía la directora de Presupuesto es que estamos buscando el mecanismo para sacar de la discusión presupuestaria de año a año el financiamiento de los sitios de memoria y establecerlo de manera permanente, de manera legal, y eso es lo que vamos a hacer antes de irnos.
¿Pero saben por qué? Porque el dolor que sienten ustedes cada vez que se discute esto y el negacionismo que hay el día de hoy en el Congreso por parte de sectores políticos que niegan la importancia de esta memoria, es brutal. Entonces, aquí no nos estamos hablando sólo a nosotros mismos, que estamos convencidos de lo que estamos haciendo. Les estamos hablando a quienes niegan también para decirles que no vamos a olvidar y también para tratar de convencerlos de que este dolor es genuino y que pensar en los familiares, pensar en quienes partieron no es dividir, es amor y es un amor que no se apaga, es un amor incombustible. No los vamos a olvidar.
En ese compromiso de verdad y memoria, y en ese camino de justicia, seguimos firmes y seguiremos firmes hasta el final, no sólo hasta el 11 de marzo del 2026, sino hasta que se apaguen nuestras propias vidas. Como ha sido su ejemplo, el de sus familias, cuando se apaguen nuestras vidas, se la transmitiremos a los que vienen. Junto a ustedes hemos tenido avances. La digitalización, la entrega de las carpetas de calificación, el Plan Nacional de Búsqueda ha tenido avances como la publicación de la nómina oficial de las 1.469 víctimas de desaparición forzada y un mapa georreferenciado de sus últimas trayectorias conocidas. Además, desde el año 2023, fecha desde que se instaló el Plan Nacional de Búsqueda, se han realizado más de 100 diligencias en terreno para poder aportar a los procesos judiciales.
Ustedes ven, a propósito de la liberación de uno de los criminales hace un par de días, –están acá las hijas del general Carlos Prats– que dos días después volvió a la cárcel. Porque esos crímenes siguen penando y sigue sin haber la suficiente justicia. Que, por lo tanto, todavía hay mucho que trabajar. Todavía hay mucho que pueden decir. Estas más de 100 diligencias han incluido excavaciones, entrevistas, acompañamiento psicosocial a familiares, revisión de archivos, peritajes forenses tanto judiciales como extrajudiciales.
Cuando a mí me contaron en qué consiste, esto es material, porque acá estamos en un discurso, en La Moneda, simbólico, pero esto significan drones que pasan a una determinada altura que ven cuánta tierra se ha removido en los últimos 50 años. Son retroexcavadoras que se hunden en la tierra con la delicadeza que se necesita también para poder encontrar dónde fueron esas remociones, son delimitaciones de campo, es trabajo en serio. Todo lo anterior, quiero insistir en este punto, ha sido llevado adelante en un trabajo conjunto del Estado, pero con ustedes, sin ustedes no es posible. Quiero terminar estas palabras trayendo a la memoria a Ana González de Recabarren, quien el pasado 26 de julio hubiera cumplido 100 años. No me cabe ninguna duda que estaría acá con nosotros.
Anita fue una dirigente querida, admirada, una expresión de lucha y esperanza. Una mujer que puso su sonrisa y su humanidad al servicio de una causa que no era únicamente suya. Estamos a pocos días de un nuevo 11 de septiembre, el último que nos toca vivir a nosotros, aquí en La Moneda. Aquí entre estos muros, donde habitan fantasmas, donde tantos dieron sus vidas defendiendo la Constitución y las leyes, reiteramos con más fuerza que nunca que nadie está olvidado. Les decimos a nuestros compatriotas y a las generaciones que vendrán que defenderemos la democracia y los derechos humanos siempre.
Si escucharon recién el sonido hermoso de una guagüita de dos meses es Violeta que está ahí con mi compañera. Gracias, Paula, por venir. Quiero decirle a Violeta, que lo escuchará seguramente después en unos años más, que esta búsqueda también es por ella. Que esas generaciones también tienen que saber lo que pasó y que las generaciones que vienen no me cabe ninguna duda que van a continuar con ese espíritu de lucha para que no nos olvidemos de hacer un país y un mundo más justo para todos y todas. Muchísimas gracias por estar acá.