Muy buenas tardes a todas y todos los presentes, y me atrevo también con orgullo a llamarlos compañeras y compañeros. Saludo a la directiva nacional de la CUT, a su presidente José Manuel Díaz; al presidente nacional de la ANEF, que también nos acompaña aquí, José Pérez; a nuestro ministro del Trabajo, Giorgio Boccardo; y de manera especial a nuestros dos galardonados, Olimpia Riveros y Luis Fuentealba. Aprovecho también de saludar a nuestro diputado (Andrés) Giordano, también trabajador sindical que necesitaremos –como te dije por teléfono– de tu lucha en otro frente, compañero, para seguir trabajando juntos. Acá se han hecho dos discursos que tienen un significado que para mí es tremendamente potente, porque se habló de que nos acompañan y están presentes quienes murieron en las grandes masacres de la historia de Chile: La Coruña, Santa María, en la FOM, la Federación Obrera de Magallanes, allá en 1920 o la comuna de Natales en la Revolución de la Chaucha del 49. Y en tantos otros episodios, para qué decir la dictadura.
Tú mencionabas recién, Luis, a los dirigentes que conociste, algunos de ellos, Exequiel Ponce, Víctor Díaz, asesinados por la dictadura. ¿Y saben? Hace un tiempo, permítanme una digresión, pero me contaban una anécdota de la Revolución de la Chaucha. La Revolución de la Chaucha en 1949, en el gobierno del señor infame –en su recuerdo por lo que se convirtió– Gabriel González Videla, se parte por un alza en el precio del transporte y va tomando una fuerza inusitada. Y en un momento se trata de darle algún tipo de conducción a la movilización.
De hasta dónde se podía llegar. Y, por lo tanto, invitan a un joven o no tan joven, pero para lo que sería después Eduardo Frei Montalva, a hablarle a las masas. Lo invita a la Federación de Estudiantes, para tratar de darle conducción y no lo logra. Después invitan al entonces ya senador Salvador Allende y tampoco lo consigue. Y quien finalmente logra darle una conducción política a ese movimiento es este hombre que nosotros conocemos de barba, pero que alguna vez también fue joven, que es Don Clotario Blest.
Dando cuenta de algo que, muchas veces, no se reconoce del dirigente sindical, pero que son tremendamente valiosos los dirigentes sindicales y los políticos, quienes estamos en política, debiéramos aprender de eso. Y por eso es tan importante que quienes están en política no estén por vínculos familiares o redes, digamos, de la élite, sino que se hayan formado también en la lucha social, que es esa capacidad de hablar, conducir, convencer y no solamente imponer. Eso era Don Clotario. El poeta Francisco Pezoa Astudillo inmortalizó parte de estos hechos –hace poco se cumplió un nuevo aniversario de la Masacre de Santa María de Iquique– diciendo en su poema Canto a la Pampa: “¡Benditas víctimas que bajaron desde la pampa, llenos de fe, y a su llegada lo que escucharon, voz de metralla tan solo fue!” ¿Cuántas veces el pueblo de Chile ha escuchado voz de metralla? Y la metralla puede que vaya cambiando de significado.
La metralla puede ser también portazo. Pero yo quiero decir que además de los mártires nos acompañan en ceremonias como ésta quienes han ganado, porque el movimiento sindical está formado por derrotas, por momentos trágicos, pero también por muchos triunfos. La gran mayoría, sino todos los logros que se han alcanzado en materia laboral en nuestro país no han sido concesiones por parte de la élite del momento. Han sido más bien respuesta a la movilización y organización de las y los trabajadores. La mayoría de los cambios que han implicado reformas que mejoren la calidad de vida del pueblo han tenido en su origen la organización de trabajadores, estudiantes, mujeres.
Por eso cuando entregamos este Premio Manuel Bustos a dirigentes sindicales, lo que estamos haciendo –como bien se decía acá– es entregar un premio que va más allá del ámbito laboral. Es un premio a quienes, al final del día, han contribuido a que todos comprendamos que la vida no se agota en nuestra experiencia personal, sino que se enriquece cuando somos parte de un colectivo más grande y nos unimos en pos de un bien común. ¿Qué es si no la experiencia de nuestros dos premiados hoy día? Unidad en torno a un bien común que les ha mejorado la calidad de vida a trabajadores y trabajadoras del pueblo de Chile. Yo por eso me enorgullezco profundamente de entregar este premio Manuel Bustos, que Giorgio decía algo que puede pasar desapercibido, pero que creo es importante recalcarlo.
El Premio Manuel Bustos se crea en el gobierno del expresidente Lagos y es entregado por primera vez –no sé si se acuerdan a quién, pero lo mencionó Don Luis– a Monseñor Alfonso Baeza. Ese fue el primer premiado por el Premio Manuel Bustos. Después un gran dirigente sindical magallánico, senador en su momento también, José Ruiz de Giorgio. El 2004 fue Alicia Muñoz Toledo, pero del 2005 al 2014 no se entregó. El 2015 la expresidenta Bachelet, en su segundo mandato, retoma esta sana tradición y se lo entregó a la gran Mireya Baltra, a Salvador Castro Hidalgo, a Diva Sobarzo Bravo.
Pero entre 2018 y 2022 nuevamente no fue entregado. Gobernaba entonces la derecha. Y nosotros decidimos retomar este premio y tratar de saldar deudas pasadas y por eso se lo entregamos a más de uno en los periodos que tuvimos. Ahí estuvo el gran Raúl de la Puente, María Rozas Velásquez, a quien se lo entregamos de manera póstuma, Moisés Labraña, que también se lo entregamos de manera póstuma. El año pasado a Patricia Coñoman y, también, Arturo Martínez.
Hoy día se los entregamos a ustedes en reconocimiento a esa historia, pero no es un premio individual. Es un premio que nos acompaña y los acompaña a ustedes mucha gente, porque además para ser dirigentes sindicales han representado a mucha gente. Han estado en largas asambleas, en difíciles asambleas, muchas veces en infructuosas asambleas de seguro, donde seguramente más de una vez les tocó discutir o votar cómo votar y ese tipo de cosas procedimentales que a veces cuesta resolver. Y representaron a mucha gente. Nosotros venimos de la misma escuela y –como bien decían– nos conocimos en otras luchas y nos va a tocar seguir encontrándonos.
Ya sea a través de vuestra experiencia o a través de luchas concretas en el futuro. Porque el desarrollo de la historia sólo avanza para los sectores mayoritarios cuando es en organización. Olimpia representa la fuerza de la Región del Biobío, de Concepción, donde ha desarrollado su labor gremial y donde hoy día es concejala. Estuvo entre las fundadoras de la Asociación Gremial de Educadoras de Chile, la AGECH, en la refundación del Colegio de Profesores, en la formación de la actual Central Unitaria de Trabajadores. Es alguien que jamás ha rehuido el trabajo de base con los profesores, trabajo no sólo con los profesores, trabajo de base al que los sectores progresistas de nuestra sociedad tenemos que volcarnos en este momento histórico.
Don Luis consagró su vida a la lucha por los derechos de los trabajadores y trabajadoras desde esa primera huelga en 1963, allá en Iquique. Su participación comprometida en el gobierno de la UP, su trabajo sindical en dictadura, en la Federación de la Construcción, la Coordinadora Nacional Sindical, desde la CUT. Usted mencionaba algo que también es muy importante y me honraba profundamente al ponerme en ese tren largo de la historia que usted lo comenzó con Elías Lafertte al conocerlo, antes de él hubo otros y donde incluía a Don Luis Figueroa, a Rolando Calderón, a Exequiel Ponce, a Don Clotario (Blest). Y es que la historia no se agota en nosotros mismos. Cada uno construye sobre lo que hicieron otros antes.
Y es bueno que las nuevas generaciones, yo ya no soy tan joven, ya hay gente mucho más joven que yo, pero que seamos capaces de transmitir esa sabiduría. Por eso yo le agradezco mucho el libro y le pedí su discurso y le pido también a Olimpia que cuente su historia, porque los jóvenes necesitan saber cómo, en momentos difíciles, hubo quienes levantaron la voz para organizarse y salir adelante y que nunca bajaron las banderas y que nunca perdieron la esperanza. Como decían viejos compañeros, adelante con la esperanza intacta, porque si esa se nos rompe, ahí sí que estamos derrotados. Pero a mí por lo menos, como Presidente de la República, la tengo firme esa esperanza para seguir construyendo un Chile más digno, un Chile más justo, un Chile más igualitario. Un Chile donde al final del día nos entendamos dentro de nuestras diferencias, pero nos entendamos como iguales y nos queramos un poquito más.
De eso se trata la organización. Muchísimas gracias. Es un tremendo, tremendo honor estar con ustedes y, como Presidente de la República, me alegra también –y creo que tenemos que celebrarlo– haber empujado reformas laborales que han mejorado la calidad de vida de los chilenos y chilenas. Ahí está el Copago Cero, la reducción de la Jornada Laboral a las 40 horas: ahora se la tratan de apropiar sectores de la derecha, impresionante. Cuánto ridiculizaron a la entonces diputada Camila Vallejo cuando la presentó.
El aumento significativo del sueldo mínimo: los salarios llevan creciendo por sobre la inflación más de 30 meses, más de 34 meses. Ahí está la protección a los trabajadores de la minería. Ahí está la Ley de Conciliación Laboral, que también es tremendamente importante. Prontamente vamos a presentar para su discusión la Ley de Negociación Ramal, que es un compromiso que tenemos con las organizaciones de trabajadores. Entonces, evitar retrocesos y avanzar hacia un trabajo decente, con salarios dignos, con la ampliación de la negociación laboral, con más sindicalización, con más capacitación, que dé cuenta de la profunda transformación tecnológica que se está produciendo en el mundo del trabajo no va a ser fruto de la casualidad, sino que será fruto de nuevas luchas.
Y en este ancho camino necesitamos dirigentes sindicales como Olimpia (Riveros), como Luis Fuentealba, como Manuel Bustos y tantos otros que han inspirado el largo camino del movimiento sindical chileno. Muchísimas gracias a todos y a todas, un honor estar con ustedes acá.