Muchísimas gracias, decano Pablo Ruiz-Tagle por sus palabras, por su discurso. Siempre para mí es una tremenda alegría volver a la Universidad de Chile y, en particular, a la facultad, a la escuela. El hecho de pararme acá me hace recordar cuando, como estudiante de segundo año –hace 21 años, el año 2005– estaba el proyecto de construcción del Edificio de Los Presidentes. En esa época quienes éramos estudiantes –y veo aquí algunos ex compañeros– nos resistíamos a que se hiciera ese edificio porque queríamos mucho el Mato Grosso, se acordarán también generaciones antiguas del Mato Grosso. Pero me acuerdo que vino el expresidente Lagos.
El año 2005 vino el expresidente Lagos a hablar desde allí y le habló a toda la facultad. Y fue muy impresionante. Hubo incluso en su momento alguna protesta, estaba en medio justo discutiéndose el CAE. Y el expresidente Lagos se paró frente a toda la comunidad universitaria y dio un discurso sobre la historia y la importancia de la universidad y, por cierto, del libre pensamiento. Fue realmente importante y sentir en sus palabras que también estaban hablando de alguna manera todos los expresidentes, y todos los exestudiantes que han salido de este lugar y han construido, han sido parte de la construcción de la República.
Me acuerdo también siempre cuando “mechón”, los profesores intimidaban diciéndonos quiénes habían salido de aquí. Todos los presidentes de la Corte Suprema, ministros, presidentes de la República, pero también nos decían que había muchos estudiantes anónimos que habían contribuido a la construcción de esta patria y lo habían hecho en base a principios que era lo que entregaba esta universidad, que entregaba esta facultad. Por eso, me hace tremendo sentido el concepto que enarbola el decano Ruiz-Tagle respecto de las ideas que iluminan las catacumbas, y salir de la palabra “catacumbas” para hablar de cimientos. Porque cuando los cimientos de una República están creados por ideas, por conceptos tan fuertes como derechos humanos, como dignidad, como fraternidad, como igualdad, como justicia, significa que vamos a poder tener construcciones fuertes y un desarrollo que esté acorde a la dignidad de su pueblo. Eso es lo que representa finalmente la Universidad de Chile, esa promesa y, a la vez, certeza.
A mí me enorgullece muchísimo, muchísimo poder estar acá. Como Presidente es un honor ser parte y ser patrono de la Universidad de Chile y por eso, junto al Gobierno, hemos participado en diferentes iniciativas. Noten cómo la universidad tiene un rol que va más allá de sus aulas. Pensemos, por ejemplo, lo que hizo la universidad acá al lado, en Vicuña Mackenna 20, con la mejor sala sinfónica de América Latina quizás. Pensemos en el Instituto de Modelamiento Matemático.
Pensemos en la opinión siempre fundada de la Facultad de Derecho. Pensemos en cómo la Universidad de Chile contribuye permanentemente al debate público y sigue día a día a la construcción de la República y lo hace porque aquí hay pensamiento libre y lo hace porque aquí están los distintos, quienes piensan distinto, quienes vienen de orígenes sociales distintos. Lo decía bien el decano Ruiz-Tagle cuando partía su intervención. Muy claramente nos ha tocado enfrentarnos a algunos de los que estamos acá. El decano dijo que me parecía a Trump incluso una vez.
No ¿cierto? Pero estamos acá porque hay cosas más grandes que nos unen. Y cuando hay cosas más grandes que nos unen como la universidad, como estos principios a los que se han hecho referencia que son el nombre de cada una de las salas, como Chile mismo, tenemos que estar juntos. Tenemos que estar juntos. Tenemos que ser capaces de dejar cualquier diferencia de lado.
Sentarnos y trabajar por el bien de Chile es lo que nos exigen, no solamente quienes están aquí presentes, no solamente los estudiantes de la facultad, no solamente la comunidad universitaria, sino también gracias a quienes estamos acá. Abajo hay unas fotos muy interesantes y felicito también la curatoría de lo que se muestra ahí abajo porque está, por ejemplo, el Decreto de Miguel Luis Amunátegui –si mal no recuerdo–, que entrega la autorización para que las mujeres puedan cursar carreras universitarias en 1877. El cuadro de la primera mujer. Fotos de antigua data. La pandemia, el estallido.
Recuerdo una foto donde aparecía la profesora Valentina Durán en 1989 acá afuera creo – ¿puede ser? 1989 o 1990 por ahí–. Acá hay mucha historia, mucha historia que tiene que ser honrada y la mejor manera de honrarla es revisitarla, cuestionarla, por cierto, discutirla, debatirla y por cierto crearla, crear la historia. En ese rinconcito de allá teníamos con nuestro grupo político de la época nuestro papel mural, cuando todavía no había internet en el celular, los Estudiantes Autónomos. Y cada grupo político tenía su propio panel donde se discutían las ideas.
Ahí estaba el de la JS, el de la J, el de la DC. Y siempre había debate. Por eso quiero aprovechar de saludar también a Martina, la presidenta del Centro de Estudiantes. Y decirle a Martina, también como expresidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho, que queremos a los estudiantes presentes en el debate público. Los necesitamos presentes en el debate público.
Necesitamos a la Fech, recuperen la Fech. Estamos en tiempos interesantes. Algunos pueden decir tiempos oscuros. Pero donde hay oscuridad hay luz. Yo no soy de los catastrofistas ni de los agoreros y cuando vengo a ceremonias como ésta me lleno de esperanza y de optimismo.
Porque sigue habiendo espacios y van a seguir habiendo espacios donde se va a cultivar el pensamiento crítico, se va a cultivar la excelencia, a la vez que el compromiso. Y el hecho de que la universidad y la facultad se sigan ampliando es un tremendo logro. Felicito a todos quienes lo han logrado durante todo este tiempo. Aquí seguramente hubo ruidos propios de la construcción, tal como nos tocó vivirlo en mi época de estudiante cuando se construía, 2 años con el taladro fuerte construyendo ese edificio, el Edificio de Los Presidentes. Ahora, quizás también hubo molestias, pero vale la pena, ¿saben por qué?
Porque las molestias temporales son pasajeras y dejan un legado, van dejando un legado. Hoy día no me cabe ninguna duda que los estudiantes que van a entrar el próximo miércoles, según entiendo, como “mechones” a la facultad y van a pasar los 5 años de la carrera de Derecho, van a estar mejor de lo que estuvimos nosotros. Pero, a la vez, van a pisar sobre donde pisamos nosotros y construir sobre lo que construimos nosotros y las generaciones anteriores. Espero que más adelante –y hemos conversado mucho con el decano Ruiz-Tagle respecto a esto y hemos hecho muchos esfuerzos ingentes con la ministra Aurora Williams–, que la facultad también tenga más espacio, un poquito hacia el oriente, con el edificio del Sernageomin. De verdad, estamos trabajando muy, muy duro hasta el último día.
Hasta el último día. Quiero recoger el llamado que hacía el decano Ruiz-Tagle respecto al hombre encorvado del celular. A mí me asusta muchísimo porque veo cómo el celular genera una adicción que va más allá de la razón. Lo veo cuando esa pantalla se prende al lado mío en cualquier momento y lo ve mi hija de 8 meses. Inmediatamente pareciera que supiera escrolear, que supiera moverse y niños, un poco más grandes, cómo ya están pegados.
Yo alejo, alejo eso y trato de llevarla a los libros. No se trata de ser un nostálgico de los libros, sino de entender que hay espacio. Y por eso también es tan valioso lo que se acaba de inaugurar porque hay espacios de encuentro donde nos miramos a los ojos, donde no nos estamos mirando –como bien decía usted– a un espejo mentiroso. La universidad es un espacio para mirarse a los ojos, para hablar con quienes piensan distinto, para aprender de experiencias ajenas. Hoy día quiero invitar a quienes vuelven a las aulas a hacer, por supuesto, uso de las nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial, a aprender de las nuevas herramientas y también a no abandonar nunca la lectura, la escritura, el desarrollo de las propias ideas, el pensamiento crítico.
Tenemos tremendas oportunidades, que se tienen que muchas de ellas desarrollar y nacer desde acá. Pero no pretendamos o que nadie pretenda que cada vez que uno llega parte de cero. Miren allá. Allá hay un pequeño Memorial a los Detenidos Desaparecidos de nuestra facultad. Si ustedes recorren el Edificio de Los Presidentes van a poder ver a muchos que también pasaron por estas aulas, por allí está Arturo Prat, que siempre me sorprendió la primera vez que vine a los 18 años saber que era abogado y su estudio sobre el sistema electoral, si mal no recuerdo.
Entonces, hay mucho que aprender, pero para aprender hay que conversar, salir del ensimismamiento y espacios como los cimientos de la facultad, como la extensión del patio hacia el Mapocho, como también las asambleas estudiantiles, las federaciones, sus centros de estudiantes, las tertulias, el Congreso de Derecho Constitucional que me imagino todavía hay –… ¿no tanto? Hay que recuperarlo, entonces– el Congreso de Derechos Humanos, tantas iniciativas que dan vida, que dan vida a la República. Estimadas y estimados, la universidad es también un espacio para participar en deportes, en trabajos voluntarios, en grupos musicales, artísticos, ayudantías de cátedra, de investigación. Pienso y recuerdo a mi profesor y maestro José Zalaquett que hacía clases acá y de quien tuvo el honor de ser ayudante, para hacerse parte de las causas en las que uno cree y espacios como los cimientos de la facultad contribuyen a eso. Por eso felicito al decano, felicito a todo su cuerpo directivo.
A todos quienes hicieron posible esto antes, a las exautoridades, veo al exdecano Harasic acá. A los arquitectos que hicieron una tremenda pega, no los conozco personalmente, pero también felicitaciones y, por cierto, a los trabajadores y trabajadoras que deben haber estado ahí picando y haciendo esto posible. No me cabe ninguna duda que estas antiguas catacumbas, hoy cimientos, serán un lugar de encuentro y creación que dejarán recuerdos en los estudiantes tan gratos, intensos como los que tengo de mi paso por la Facultad de Derecho. Felicitaciones nuevamente, que tengan un muy buen Año Académico 2026. Espero seguir viniendo en el futuro para acá y ¡qué viva la Universidad de Chile!
Muchas gracias.