S.E. el Presidente de la República, Gabriel Boric Font, encabeza la conmemoración de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad

S.E. el Presidente de la República, Gabriel Boric Font, encabeza la conmemoración de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad

Gabriel Boric Font 2026-01-15 2.044 palabras Original ↗ Audio ▶

Muy buenos días a todas y todos los presentes, sobre todo a quienes trabajaron en la Vicaría de la Solidaridad. Me acusaban de haber nacido el 86, pero sepan que nuestra generación también tiene muy presente y estamos muy agradecidos del trabajo que ustedes hicieron, de la valentía, del coraje, de la contención, de la historia que escribieron y que, sin lugar a dudas, si no hubiese sido por ustedes –yo tengo un cuadro en mi oficina grande, Alicia lo conoce, con detenidos desaparecidos y ejecutados políticos– ese cuadro no cabría en ninguna muralla. Muchas gracias también a las organizaciones de derechos humanos aquí presentes. Veo a Alicia Lira, que ha estado permanentemente con su cara severa en todas las actividades que realizamos, pero en una lucha mucho más larga que ha sido acompañada por ustedes. Y antes de entrar en lo que nos convoca, me gustaría referirme brevemente a algunos temas de contingencia.

En primer lugar, les cuento que estamos con la prensa acá y para comunicarle al país que me reuní hace unos minutos con el presidente electo, José Antonio Kast, en un encuentro que expresa parte de la esencia de la democracia. Como ustedes saben, tenemos posturas y visiones políticas y de principios que son distintas. Pero el pueblo de Chile eligió un nuevo presidente y la capacidad de dialogar entre distintos, poniendo siempre el bien superior de Chile por delante, creo que es algo que caracteriza a nuestro país y que tenemos que ser capaces de mantener. En segundo lugar, en una buena noticia, les cuento que el día de ayer el Congreso Nacional aprobó la Ley que crea el Sistema Nacional de Apoyo y Cuidados, que reconoce a todas las personas el derecho a cuidar, a ser cuidados y que establece el Sistema Nacional de Apoyo y Cuidado, cuyo propósito es sostener la autonomía de todas las personas y reconocer principalmente a las mujeres que cuidan. Y que decimos con mucha fuerza: cuidar es trabajar, durante mucho tiempo eso no se entendió.

En todas las familias tenemos a alguien que cuida, generalmente es mujer, tenemos que avanzar en corresponsabilidad también, pero tenemos que reconocer, valorar y apoyar a quienes nos cuidan. Es un avance que también nos recuerda el valor intrínseco de la democracia y una forma de construcción colectiva del país que queremos. Y, en tercer lugar, cuando estamos hablando de derechos humanos, no puedo evitar hacer referencia al fallo que el día de ayer absolvió a Claudio Crespo, autor del disparo que le quitó la vista, los ojos a Gustavo Gatica. Como Presidente de la República no me corresponde referirme a los detalles del fallo, cuyas características específicas conoceremos recién cuando se publique la sentencia en mayo, pero sí tengo el deber de hablar desde los principios y desde el corazón y decir que en este caso debe haber justicia. Debe haber justicia y que, si se establece que una persona le quitó los ojos a otra, no puede haber impunidad.

Nuestro abrazo, nuestro respeto a Gustavo Gatica y su familia. Quiero destacar la presencia de la presidenta de la Corte Suprema, hoy día acá. No es baladí, no es un acto meramente protocolar, porque la Corte Suprema, en su momento, fue cómplice de las violaciones a los derechos humanos. La Corte Suprema, en el último tiempo, el Poder Judicial –como otros Poderes del Estado– ha pasado por momentos difíciles y tener a Gloria Ana Chevesich acá, más aún con el ejemplo y testimonio que ha dado con cómo ha asumido la labor que tiene, creo que es un tremendo gesto, presidenta. Así que, de verdad, mis respetos y le deseamos todo el éxito y cuente con nuestra colaboración.

No hay ningún otro llanto semejante al mío, me estoy pareciendo a un río que ha quedado sin caudal. Vinieron a destrozar mi corazón. Se llevaron a prisión a mis hijos y a mi esposo, y no encontraré reposo sin saber su situación. Recorrí los regimientos de norte a sur, confundida, mostrándoles yo mi herida sin tener conocimientos. Los busqué en los campamentos, en los altos ministerios, aumentándose el misterio con insulto y con mentiras.

Mi corazón hecho trizas se allegó en el cementerio. Estas décimas son un extracto del poema “Valientes Mujeres” del sacerdote Esteban Gumucio, en homenaje a la lucha incansable de Ana González, que fue una de las miles de personas que encontró acogida y ayuda en el Comité Pro Paz y en la Vicaría de la Solidaridad. Esteban Gumucio –como saben– fue el autor de la “Cantata de los Derechos Humanos”, en ese mítico año 1978. Y hace unos meses, cuando visité el Vaticano, le regalé una versión original de la Cantata en vinilo al Papa León XIV y lo hice con mucho orgullo, porque es un bello testimonio de la labor que realizaron tantas personas como ustedes por la justicia, por la verdad, por la humanidad. Queridas y queridos compañeros, exfuncionarios y funcionarias de la Vicaria de la Solidaridad, representantes de agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos, de ejecutados políticos, a todos quienes están aquí presentes: Es, de verdad, un honor recibirles en el Palacio de La Moneda y escuchar los testimonios vivos de Javier Luis Egaña y de Daniela Sánchez que, con su tono docente, nos sigue instruyendo, nos sigue enseñando y nos ayudan no solamente a recordar, sino a ver también y a entender también el carácter y la esencia de futuro que tiene este trabajo.

Fueron muchos, muchísimos los hombres y mujeres, a menudo anónimos, que dieron lo mejor de sí desde sus saberes, de sus estudios, de su experiencia, de su voluntad y con mucha porfía por las prohibiciones del régimen, por las amenazas del régimen que tan bien retratadas están en los Archivos del Cardenal –un saludo también ahí a Daniela por ese trabajo muy potente, Daniela Ramírez– para ayudar a su pueblo, a su patria, a sus hermanos y a sus hermanas. Tuve el honor gigante de haber sido discípulo de José Zalaquett. Cómo se extraña su voz en estos tiempos turbulentos y el orgullo y humildad con que contaba el trabajo en la Vicaría sin nunca centrarlo en él, sino en los trabajadores y trabajadoras que estaban ahí a cargo. Era realmente conmovedor. Y si estamos aquí reunidos en La Moneda es porque Chile debe reconocer, agradecer y recordar siempre el trabajo de la Vicaría de la Solidaridad.

Porque en los momentos más oscuros siempre hay solidaridad, hay esperanza. Pero esa esperanza no es que nazca de la nada, nace de voluntades que encuentran un espacio, que se vuelven acción colectiva. Que fue representada en la Vicaría de la Solidaridad, pero que, sin lugar a dudas, en estos tiempos turbulentos se necesitan muchísimas otras. Pienso también, por ejemplo, en el Servicio Jesuita de Migrantes en estos tiempos. Pienso en la labor que realizan hoy día las iglesias de diferentes credos.

La labor que realizan estudiantes de manera anónima. La labor que realizan también militantes de partidos políticos, que creo que hay que reivindicarlo. Para apoyar a quienes más lo necesitan, para generar también cohesión social, para generar esta idea que es tan potente de que solos no somos nadie, de que el individualismo no nos va a llevar a ninguna parte, de que, para ser felices, sólo somos felices si somos capaces de compartir esa felicidad y apoyarnos también en la adversidad. Por eso, como hoy los homenajeamos a ustedes, a los trabajadores y colaboradores de la Vicaría de la Solidaridad, también recordamos a los más de 100 que ya no están con nosotros, que partieron y que se merecían también este homenaje. Gracias por el reconocimiento que hacía recién Javier Luis Egaña al acto que hicimos en San Joaquín, porque pasó demasiado tiempo y se merecía desde un primer momento.

Pero es bueno también que nuevas generaciones sepan que estamos unidos por una conciencia no solamente de lo que pasó, sino del valor de los derechos humanos. Y qué interesante lo que decía Daniela de que los derechos humanos no son solamente los derechos humanos individuales, son también los derechos económicos y sociales y que, desde la Vicaría de la Solidaridad, en una dimensión que no se conoce tanto, se trabajó por ambos. A pocas semanas del golpe quien presidiera el Comité Pro Paz que antecedió a la Vicaría, Monseñor Fernando Ariztía, relataba que conocía a otra persona de iglesia que decía que no tenía conocimiento de gente perseguida, que no sabía nada o que no había visto nada. Y decía don Fernando “es muy grave no saber nada, o se es un despistado que vive al margen de la vida real o todas sus conexiones son con un determinado sector de personas que están bien”. Esto lo decía en una carta “Sacerdotes, religiosos y laicos” en noviembre de 1973.

Es tremendo ese testimonio porque después de los 90 muchos se escudaban en decir que no sabían y ese no saber es no querer saber y en el no querer saber también hay una complicidad. ¿Por qué traigo a colación estos dichos? Porque siempre es más fácil, más cómodo alejar la mirada, callar en particular en tiempos difíciles cuando se vive bajo amenazas. Y ustedes, trabajadores y trabajadoras de la Vicaría eligieron saber, eligieron ver de frente al horror, la persecución y la muerte, eligieron contener a esas señoras María con esa maleta que nunca llegó a destino. La Vicaría también contribuyó a establecer la verdad y eso ha sido tremendamente importante, ese Archivo de la Vicaría, que sigue dando frutos.

Todavía estamos con juicios pendientes. Y ese trabajo da cuenta de que en esos tiempos duros puede también florecer la humanidad y la solidaridad. Es muy significativo el apoyo al que hacían referencia laboral, educacional, de capacitación, que dieron a quienes eran vulnerados en sus derechos sociales en un contexto de extrema pobreza. Hoy día nos alegramos porque la pobreza ha bajado en Chile. Pero para que haya bajado, tenemos que recordar que Chile fue muy pobre, y en particular en los años 70, en los años 80, fue muy, muy pobre.

Esta canción de Víctor Jara tan conocida que se llama “Luchín”, que es preciosa, pero es preciosa porque da cuenta de una realidad de la cual hoy día las familias la recuerdan en base a sus propias experiencias. Y, por lo tanto, eso es algo que no se puede desconocer y por eso ese trabajo es de largo plazo. No me cabe ninguna duda que este trabajo significó numerosos sacrificios para cada uno de ustedes. Hoy día los veo, los miro a los ojos y me imagino todo lo que pasaron en esos momentos. Pusieron en riesgo su tranquilidad, su bienestar, la seguridad e incluso arriesgaron sus vidas, como dio cuenta el caso de José Manuel Parada, quien fue brutalmente degollado y asesinado.

Pero ustedes eligieron la comunidad y a pulso construyeron confianza, solidaridad y tejido social. Ese tejido social es lo que también, desde el Gobierno, hemos trabajado por recuperar el diálogo social, generar más comunidad, más organización. Hoy es fundamental el rol que cumple el Archivo de la Vicaría para preservar nuestra memoria, para contar una y otra vez esta dolorosa etapa a las nuevas generaciones, para que nunca más. Por eso es importante la Ley de Sitios de Memoria, por eso es importante el apoyo a los sitios de memoria que, independiente del gobierno de turno, deben mantenerse y vamos siempre a estar de ese lado. Esto no son sólo palabras, no son solamente declaraciones.

No vamos a dejar nunca de buscar verdad y justicia. Eso es lo que significa el Plan Nacional de Búsqueda. Hoy, gracias al Plan Nacional de Búsqueda, esta es una responsabilidad permanente del Estado y estamos avanzando con diligencias en terreno en este momento, con la Ley que crea la Calificación Jurídica de Ausente por Desaparición Forzada, con el Archivo Nacional de Memoria y una Nómina Única de Víctimas. Estimadas y estimados, una vez más agradezco su labor en la defensa de la democracia y de los derechos humanos. Ustedes con su accionar valiente, con su accionar generoso dieron testimonio y anunciaron la buena nueva que es que, en medio de la barbarie, siempre florece la humanidad.

Muchísimas gracias a todos y a todas.

Fuente: Prensa Presidencia de la República · Publicado el 2026-01-15
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